"La Amistad con Dios" por Victoria Boyson

PARA OIR DE DIOS DEBEMOS PASAR TIEMPO EN SU PRESENCIA 

“Elí ya se estaba quedando ciego. Un día, mientras él descansaba en su habitación, Samuel dormía en el santuario, donde se encontraba el arca de Dios. La lámpara de Dios todavía estaba encendida. El Señor llamó a Samuel” (1 Samuel 3:2-4). 
Antes de convertirse Samuel en profeta del Señor, se hizo Su amigo. Nadie estaba oyendo a Dios para el pueblo. Elí estaba en su “lugar habitual” y no se gozaba de estar en la presencia de Dios como antes lo había hecho. Había disminuido su fervor por Dios y ya no tenía el gozo de sólo estar con Dios en Su presencia y de escucharlo a Él. 
“En esos tiempos no era común oír palabra del Señor, ni eran frecuentes las visiones” (1 Samuel 3:1). Si Elí no podía oír de Dios, el pueblo tampoco recibiría mensajes de Él. Las únicas palabras que recibimos y que pueden ayudar a alguien son las palabras de Dios. Si no pasamos tiempo escuchándole a Él, entonces no recibiremos palabras para bendecir y dar aliento a Su pueblo. 
De niño, Samuel disfrutaba de la presencia de Dios. Vemos una imagen de esto en 1 Samuel 3. Todos los demás ocupantes de la casa del Señor se habían ido a la cama. Las luces se habían atenuado y había silencio en las habitaciones. Samuel sintió necesidad de regresar al templo y tumbarse cerca del arca de Dios en lugar de ir a la cama. Sólo quería pasar tiempo con Dios. Probablemente pensara que ya que todavía estaba encendida la lámpara de Dios en el templo, por qué no pasar la noche en Su presencia. 
Entonces, “Samuel todavía no conocía al Señor, ni Su palabra se le había revelado” (1 Samuel 3:7). Nunca había oído hablar a Dios, pero disfrutaba aun así de Su presencia. Realmente creo que Dios le habló gracias a que él se deleitaba en el Señor. Él y Samuel se hicieron amigos. 
Para oír de Dios, debemos pasar tiempo en Su presencia. La gente necesita oír de Dios. Tienen que oír la palabra del Señor. Solamente podemos oír de Dios si pasamos tiempo con Él. Sólo podemos oír de Él si tenemos relación con Él. Nuestra relación con Dios es lo más importante de nuestras vidas, por lo tanto debemos cuidarla con esmero. 

SIMPLEMENTE VEN 

Nuestra relación con Dios no debe complicarse con una serie de reglas humanas acerca de cómo “entrar” a la presencia de Dios. Simplemente debemos dejar a un lado nuestras sensibilidades religiosas y acercarnos a Él como niños. Samuel no tenía planes cuando entró en el templo, sino que simplemente deseaba pasar tiempo en la presencia de Dios. Jamás debemos acercarnos a Dios con un libro de reglas en la mano, sino con sencillez de corazón. 
Hace varios años, el Señor me mostró cómo quería que me acercara a Él. Yo estaba acostada en mi cama, intentando desesperadamente de alcanzar a Dios. No sentía Su presencia y me sentía frustrada, sin disfrutar nada de mi tiempo con Él. Clamé: “¡Ayúdame, Dios!” Entonces entró mi hijo de tres años, Cole. Se inclinó en la habitación con una graciosa sonrisa. Al acercarse al borde de la cama, dijo en un tono muy tontito e infantil: “¡Hola!” y salió. El Señor me habló entonces al corazón: “Así es cómo Yo quiero que te acerques a Mí”. 
Dios quiere que nos libremos de todos los criterios fabricados por nosotros mismos acerca de lo que creemos que Él espera de nosotros, cuando nos acercamos a Él. Quiere que vengamos tal y como somos-como niños. 
Dios se quiere implicar en cada uno de los aspectos de nuestras vidas. Él nos quiere ayudar incluso con las tareas más sencillas y comunes. Él quiere que estemos unidos a Él en pensamiento, palabra y obra. Si estamos lavando la ropa, entonces Él está lavándola. Al experimentar a Dios en las cosas sencillas de la vida, podemos estar seguros que Él también estará ahí para nosotros durante las pruebas. 

ÉL ESCOGE MORAR EN NOSOTROS 

Hay un lugar secreto en nosotros donde mora Dios. Cuando moramos con Él en el Espíritu, en aquel lugar secreto, vemos las señales de Su presencia con nosotros. “El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso” (Salmo 91:1). 
Nosotros tenemos el mayor llamado de todo el universo: Vivir para y con Cristo. No es de esperar que alcancemos la imagen de Cristo sin vivir y obrar a través de nosotros el poder de Dios. No podemos hacer nada sin vivir cada momento bajo de la sombra del Todopoderoso. 
Su sombra es el refugio de Su presencia y podemos morar ahí con Él si vivimos en el lugar secreto. El lugar secreto no es un sitio físico como en los tiempos de Samuel. Nuestro lugar secreto está en nuestros propios corazones. Podemos ir a cualquier sitio y todavía enfocarnos en Él en nuestro espíritu, estando en el sitio secreto del Altísimo. Tal vez nos encontremos en el trabajo, pero aun así podemos entrar en la presencia del Señor simplemente acudiendo al lugar quieto en nuestro espíritu, donde le hallaremos esperándonos. 
En este lugar es donde el Señor nos habla y nosotros escuchamos. Samuel jamás había oído a Dios hasta pasar tiempo en Su presencia. Se formó una amistad entre ellos. Samuel estaba unido a Dios y se hicieron amigos. 

AMISTAD CON DIOS 

Hace años, pasé una época en mi vida en la que Dios lo sacudió todo para mí, incluidas mis amistades. Nos mudamos a otro estado y las amistades que yo había tenido previamente se fueron extinguiendo. Intenté entablar amistad en mi nueva ciudad, pero simplemente no funcionó. Oré durante meses para que Dios abriera la puerta a algunas amistades realmente buenas, pero no pasó nada. Mi esposo, por otra parte, no tuvo dificultad alguna en hacer amigos. Me alegré por él, pero su éxito resaltaba mi contrariedad. Le clamé a Dios: “Señor, ¿y yo qué?” Él me respondió al espíritu de manera muy hermosa: “Yo seré tu amigo; deseo ser tu amigo”. ¡Qué honor, qué llamado, que Él deseara ser amigo mío! 

Empecé a dedicarme a una amistad con Dios más profunda que nunca antes. Me di cuenta que se me daba bastante bien ser Su sierva, pero no sabía que podía tener una amistad tan profunda. No hay amistad más profunda que la que tenemos con nuestro Hacedor. Él nos creó, nos conoce, nos entiende y nos ama entrañablemente. No podemos convencerle de que somos algo que no seamos, ya que Él ya nos conoce. Cuando nos equivocamos, Él entiende por qué y responde con compasión. Cuando nos caemos una y otra vez, Él está ahí para recogernos. No hay ningún amigo como Dios. 

LA VOZ DE DIOS 

Al desarrollar nuestro entendimiento de esta gran amistad, Él puede enseñarnos a amar a los demás. Al principio somos llenos del poder para verdaderamente amar a los demás por medio de amarle a Él y recibir Su amor hacia nosotros, Él nos dará las palabras de vida que los demás anhelan oír. Pero esto sólo viene a través de nuestra comunión con Cristo. 
Debemos oír la voz del Señor. Debemos oír Su voz ahora más claramente que antes ya que el enemigo, satanás, está esforzándose por intentar engañarnos. Podemos evitar este engaño si oímos la voz de Dios. Él nos da verdadera sabiduría y dirección. 
Elí se había acostumbrado a vivir en su “lugar habitual” en la casa del Señor. También nosotros podemos acostumbrarnos a la naturaleza de nuestra relación con Dios. Pero Dios quiere que salgamos de nuestro “lugar habitual” y le busquemos de manera nueva y fresca, apartándonos de todo lo demás y buscándole sólo a Él. Quiere que mostremos Su amor por nosotros de manera nueva. Él quiere que lleguemos a conocerle de manera fresca, experimentando nuevos aspectos de Su carácter y experimentando nuevas facetas de Su amor. 
Dios le está llamando a usted a una profunda amistad con Él ¿Aceptará usted Su invitación? Ábrale su corazón a Él hoy y diga que sí. Ámele a Él como nunca antes, y vea cómo Él aumenta su capacidad de amar a los demás. Simplemente pídaselo y Él lo hará.

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